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Cada día, los argentinos generan un kilo de residuos, en promedio. Lejos de aminorar, esta cifra amenaza con incrementarse. Rellenos sanitarios al borde del colapso, potenciales soluciones que dejarían sin trabajo a los recuperadores y polémica por la vuelta de la incineración de residuos.

Texto Fátima Cheade.

 

En Argentina, cada persona genera por día un promedio de 1,03 kilogramos, de basura, lo que para el total de la población representa 45.000 toneladas, es decir, una tonelada cada dos segundos, cifras que colocan al país en un rango medio de generación de Residuos Sólidos Urbanos (RSU), por debajo de las naciones desarrolladas y por encima de las que no lo son, según un informe del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable (2016). A nivel mundial, la producción de RSU llega a 1.500 millones de toneladas anuales, lo que alcanzaría para cubrir toda la superficie de la Ciudad de Buenos Aires hasta una altura equivalente a un edificio de siete pisos.

Dado que a mayor urbanización el consumo de materiales inorgánicos como plásticos, papel, vidrio y aluminio aumenta, la situación, lejos de mejorar, amenaza con complicarse todavía más, según las proyecciones del Banco Mundial, que prevé un aumento del 50 por ciento para 2025. Con este panorama, la pregunta que se plantea es qué hacer con la basura, teniendo en cuenta parámetros medioambientales, sociales y económicos.

En Argentina, el manejo de los RSU se enmarca en la Ley N° 25.916 de Gestión de Residuos Domiciliarios, que incluye a aquellos elementos generados por el ámbito residencial, urbano, comercial, sanitario o industrial. La basura doméstica constituye la problemática más significativa: aproximadamente la tercera parte está formada por papel y derivados, mientras que el resto lo componen plásticos, vidrio, metales y pilas.

Además, tanto en Argentina como en muchos otros países de América latina y de otras regiones del mundo, miles de puestos de trabajo están relacionados directa o indirectamente con la recuperación y el reciclado de estos desechos.

 

Las propuestas de las ONG

Las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) contribuyen con diferentes iniciativas para buscar soluciones posibles que cuiden el medio ambiente en el camino que transitan los residuos a partir de su descarte, comprometidas con la denominada “economía circular”.

Fundación Avina Argentina es parte de la “iniciativa global de reciclaje”, que abona la idea de que “se recicle lo más posible” siguiendo el paradigma del “reciclaje inclusivo” a través de los sistemas municipales de gestión de residuos, de la mano de una industria creciente que “incorpore materiales para producir, ya sea los mismos productos u otros distintos” como parte de una economía circular. Así lo explica Gonzalo Roqué, responsable del programa continental de Reciclaje Inclusivo de la organización, que está presente en veinte países latinoamericanos.

En el país, la mayor parte de las provincias cuenta con una cobertura de recolección superior al 80 por ciento. El 20 por ciento restante se deshace de sus RSU en basurales irregulares a cielo abierto, potenciales contaminadores de las napas y del aire como consecuencia de las quemas que allí se realizan, y focos de infección para la población que vive en sus alrededores. En la provincia de Buenos Aires, la más poblada de Argentina, existen basurales a cielo abierto en 91 distritos sobre un total de 111.

Muchos municipios han comenzado a trabajar para eliminar estos espacios y cada año se proyecta el cierre y el saneamiento de varios de ellos. El relleno sanitario es la técnica de ingeniería más recomendada para confinar los RSU, evitar la contaminación y proteger la salud de la población. Consiste en el esparcimiento, acomodo y compactación de los desechos sobre un lecho impermeable. El promedio nacional de disposición final adecuada de RSU, es decir en rellenos sanitarios, alcanza al 61 por ciento de los habitantes en Argentina, pero existe una gran dispersión del promedio nacional.

En materia de tratamiento de desechos potencialmente reciclables, hay una baja cantidad de municipios con plantas de separación y sólo incipientemente se están implementando sistemas de recolección diferenciada a escala nacional para mejorar la tasa de recuperación de materiales reciclables y aún más la de orgánicos.

 

Luchar por la formalidad

Se estima que a nivel nacional, entre 50.000 y 70.000 personas recuperan materiales, ya sea en basurales a cielo abierto o en la vía pública. En cuanto a su distribución, que varía de una ciudad a otra, hay entre 5 y 28 recuperadores por cada 10.000 habitantes. Si bien la lista de potenciales materiales recuperables es extensa, en el país se trabaja de manera informal con papel, cartón, vidrio, plástico, aluminio y chatarra.

Si bien existen recicladores que buscan en la basura materiales para luego vender en forma particular, ha crecido el número de cooperativas en las que el proceso se realiza de manera formal, con recolección diferenciada y luego participación en la separación y el acondicionamiento del material recuperado. Esta tendencia es la que intentan fomentar desde las OSC, ya que genera empleo y permite que se incorporen al sistema millones de personas que ya conocen la tarea.

 

Los modelos de Suecia y Dinamarca

Desde Avina reconocen los casos de Suecia y Dinamarca como ejemplos en los que se combinan “relativamente bien, el reciclaje con la valorización energética”. Dado que en esos países no hay terrenos disponibles para rellenos sanitarios, la valorización energética ha tenido muchos incentivos y subsidios de parte del gobierno que, al mismo tiempo, ha establecido “controles casi maniáticos” para que se reduzcan las emisiones, el tratamiento de las cenizas y todo lo que surja de allí. Pero, para evitar cualquier comparación con Argentina, recuerdan que “Noruega tiene una infraestructura de valorización energética tal que los obliga a importar residuos porque los que genera no le alcanzan”. En este contexto, advierten como “ficticio” y hasta “tramposo” pensar que la Ciudad de Buenos Aires puede seguir este camino.

Según afirman, lo que hace el Gobierno porteño al tomar como ejemplo a Suecia es “intentar justificar la incorporación de tecnología de incineración de una forma ya sea voluntaria o

involuntariamente tramposa”. Suecia y Dinamarca “pueden levantar la bandera, tienen consolidado su sistema, combinan reciclaje con otras tecnologías, son casos de referencia para el mundo”, resumen.

 

La Incineración en debate

En la Ciudad de Buenos Aires, a comienzos de mayo se aprobó una modificación de la Ley de Basura Cero que habilita la incineración de RSU a través del sistema de combustión en hornos, método que había sido prohibido en 1976. Hasta ese momento, los edificios porteños tenían ductos desde los que los vecinos arrojaban las bolsas de basura a hornos en los que los encargados la quemaban durante la noche. El sistema dejó de utilizarse por cuestiones ambientales y se apostó por los vertederos o rellenos sanitarios, que ahora se encuentran cerca del colapso. Ante esa amenaza, el Gobierno de la Caba ha vuelto a autorizar la incineración y frente al rechazo de organizaciones ambientalistas y cooperativas de recicladores urbano, asegura que esto se hará de una manera regulada y controlada.

Cerca de 17.000 toneladas de basura llegan a diario a los vertederos del cinturón metropolitano, de las cuales unas 3.500 proceden de Buenos Aires y el resto de su periferia. Al ritmo actual, el espacio disponible se agotará en cinco años. La Ley de Basura Cero establece criterios y obligaciones del distrito para reducir la cantidad de RSU que destina a rellenos sanitarios con la meta de llegar a la nula generación de residuos. La modificación plantea un nuevo cronograma y método para alcanzar esos objetivos.

Leonel Mingo, coordinador de campañas de Greenpeace, lamentó la modificación de la norma y dijo que la incineración es una “actividad contaminante y tóxica” que “no se alinea a la esencia de la ley”. En diálogo con Tercer Sector, dijo que el Gobierno de la Ciudad está impulsando la iniciativa “a pesar de los daños para la salud y el ambiente que esto genera; tiene a disposición una ley de avanzada que no cumple y en lugar de cumplirla implementa un sistema tóxico”. El avance de la incineración es, según Greenpeace, “una justificación liviana para no admitir la ineficiencia del gobierno para hacer efectiva la ejecución de la Ley de Basura Cero en la ciudad”.

“A 13 años de la sanción sólo se cumplió un 26 por ciento de las metas de reducción de residuos en rellenos sanitarios, es decir que ni siquiera fue alcanzado el objetivo impuesto para el 2010”, agregó Mingo y planteó que “la solución es un plan efectivo de reciclaje”.

La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (Farn) coincide con esta mirada y plantea que “la crisis por la que actualmente atraviesan los rellenos sanitarios, así como también la deficiente gestión de los RSU desarrollada por el gobierno de la Ciudad a lo largo de más de una década, no significa que se deba alterar el orden de jerarquía que debe regirla, ni dar un salto al vacío con la incineración de residuos”.

Farn advierte que además de que la incineración es “una tecnología costosa e inadecuada”, constituye “una fuente de emisión pasible de generar gran cantidad de compuestos tóxicos para la salud, incluyendo varias sustancias consideradas como cancerígenas”. Luego de sostener que es entre un 35 y un 50 por ciento más cara que un relleno sanitario, agrega que en el caso de los países en vías de desarrollo tiene un riesgo adicional, ya que “destruye una fuente de ingresos para los sectores más vulnerables e imposibilita una nueva industria, la del reciclado”. Desde Avina coinciden y en referencia a la postura del gobierno de la Ciudad, que fue quien impulsó la modificación, afirman que “cualquier otra declaración es falsa”.

Desde los movimientos sociales también apuntan contra esta modalidad. Juan Grabois, de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (Ctep), calificó a la iniciativa de “criminal” y advirtió que “pone en riesgo 10.000 puestos de trabajo de los cartoneros”. La solución, coinciden estas organizaciones, es “promover la separación en origen” como parte de un sistema que sea “claro y funcional”.

 

Cómo conectarse: Avina: www.avina.net  // Farn: www.farn.org.ar // Greenpeace: www.greenpeace.org // Ctep: www.ctepargentina.org

 

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