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Desde 1986, una organización asiste a los migrantes que se aventuran a cruzar la desértica zona limítrofe entre México y Estados Unidos. Los voluntarios ayudan a quienes escapan de la miseria y corren el riesgo de morir por deshidratación.

Texto Alejandro Cánepa.

 

Para muchos migrantes “sin papeles” que buscan ingresar a Estados Unidos, el trabajo de una organización como Border Angels puede significar la diferencia entre vivir y morir. Aquellos pueden encontrar agua en pleno desierto gracias a la entidad, que recorre polvorientos caminos para dejar ese verdadero tesoro en momentos donde el calor y el cansancio atormentan a quienes huyen de la miseria.

El creador de la iniciativa es Enrique Morones, de padres mexicanos y nacido en San Diego, en el Estado de California.  En esa metrópoli, ubicada en el extremo sudoeste de EE.UU. y que posee un enorme puerto, playas muy visitadas por turistas y una base naval, él mantiene viva, junto a muchos voluntarios, una organización que desde 1986 asiste a los migrantes que se aventuran a cruzar la frontera. San Diego está a un puñado de kilómetros de la ciudad de Tijuana, en México, aunque las separa un muro creado por Washington.

Desde la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Tlcan), en 1994, según Border Angels se incrementó la militarización de las zonas de Estados Unidos que limita con territorio mexicano, particularmente a partir de la Operación Gatekeeper, una suerte de dispositivo de seguridad muy duro que persigue a los inmigrantes que, empujados por la miseria, ingresan por caminos desérticos para evitar los puestos fronterizos. La organización calcula que desde aquella fecha unas 10 mil personas perdieron la vida en esos intentos por llegar a suelo estadounidense.

A partir de la llegada a la presidencia de Estados Unidos del multimillonario Donald Trump, las condiciones para los migrantes han empeorado más. “Con Trump ha subido mucho el racismo; las palabras de odio causan actos de odio”, cuenta Morones a Tercer Sector. “El principal problema en la actualidad es el racismo, hay mucho bajo esta administración”, recalca.

 

Agua que salva vidas

Border Angels cubre distintas actividades. Por un lado, sus voluntarios distribuyen bidones de agua en los puntos más transitados por los migrantes de las zonas desérticas que conectan ambos países. De esta manera, los activistas de la organización recorren caminos pedregosos, apenas salpicados por pequeños arbustos y cactus, para dejar los recipientes con líquido que pueden salvarle la vida a quienes cruzan desde México. La deshidratación es la principal causa de muerte entre ellos. Pertrechados con lentes de sol, gorras, protector solar, algo de comida y dos litros de agua para su propio consumo, quienes participan de esta operación llevan los bidones hasta los puntos previamente establecidos. Las salidas para dejar esos recipientes pueden llevar unas nueve horas.

Los voluntarios son el alma de Borders Angels. “Hemos tenido más de 5.000, ahora nuestra base es de 150. La mayoría son mujeres de Estados Unidos, hay también muchos latinos y voluntarios de México y de Europa también”, dice Morones, que posee desde 1998 la doble ciudadanía estadounidense-mexicana.

Los bidones de agua no agotan la tarea de la entidad. Por otro lado, ofrece asistencia legal gratuita o a muy bajo costo a quienes llegan al país y atiende consultas a ambos lados del muro fronterizo que separa San Diego de Tijuana.  Además, concientiza a los jornaleros sobre sus derechos, organiza actividades para que se conozca mejor la cultura mexicana y hasta realiza visitas al cementerio de Holtville, en donde están enterrados los cuerpos de más de 700 migrantes no identificados que fallecieron en su intento de cruzar el desierto californiano.

La inspiración del trabajo de la entidad se refleja en las palabras tomadas del apóstol Mateo, presentes en la Biblia: “Porque tenía hambre y me diste algo de comer. Tenía sed y me diste de beber, era un extraño y me invitaste”. Si bien asegura que él es católico, Morones recalca: “No somos un grupo basado en la religión”.

El endurecimiento de las políticas migratorias ha provocado que se restrinja la cantidad de migrantes que se arriesgan a ingresar desde la frontera sur estadounidense. “Desde hace seis años, el flujo migratorio de gente sin papeles ha bajado un 45 por ciento y el grupo que cruza más son los centroamericanos”, especialmente hondureños, guatemaltecos y salvadoreños, explica el fundador de Border Angels.

Jonathan Yost, abogado de la organización, asegura que existen muchos mitos sobre la migración. Algunos de ellos son que los migrantes pueden hacer los trámites correspondientes para ingresar al país o que muchos cometen delitos. El letrado recuerda que para intentar obtener una visa, quienes no poseen familiares en Estados Unidos ni tienen un oficio calificado pueden esperar años. Además, destaca que “los indocumentados están encarcelados a una tasa de 0.85 por ciento y los ciudadanos nativos de los Estados Unidos a una tasa de 1.53 por ciento”, lo que refuta el prejuicio de que los primeros causan más delitos.

Los gastos de Border Angels se solventan mediante la recaudación a través del merchandising y eventos como cenas anuales. Pero además, Morones revela: “Me invitan a dar pláticas y dan donativos. Ahora mismo estoy yendo a Chicago y me encantaría estar invitado a Argentina, nunca he estado allí”. Por lo pronto, y más allá de la necesidad de dinero, las actividades de la organización son algo más que una gota en el desierto californiano.

 

Cómo conectarse | Border Angels: www.borderangels.org

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