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Encabeza la Asociación Familiares de Detenidos en Cárceles Federales, que contuvo y asesoró a más de 10 mil familiares de presos. Su lucha nació tras la detención de su hijo.

Así conoció la cruel lógica carcelaria. Y también se enamoró.

 

Texto Luciana Rosende.

 

El robo de cuatro empanadas en un bar de Plaza Serrano, allá por 2004, marcó un antes y un después en la vida de Andrea Casamento. Su hijo mayor tenía entonces 18 años, estaba allí con una amiga y fue señalado como responsable del delito. Aunque la Justicia luego lo absolvería, el joven pasó más de medio año preso. En ese lapso, la mujer conoció de cerca la cruel lógica carcelaria: las condiciones inhabitables adentro, la estigmatización a los familiares afuera, la desinformación mediática, la ineficacia de los reclamos de mano dura que había defendido hasta ese momento. Tras el impacto que le produjo enfrentarse con ese entramado, Casamento fundó la Asociación Familiares de Detenidos en Cárceles Federales (Acifad). Y también se enamoró.

Además de aprender a lidiar con la obligación de desnudarse en las requisas y conocer la realidad de otras tantas madres y esposas en la fila de las mujeres los días de visitas a los detenidos, Casamento buscó la ayuda de otro preso para que –desde el interior del penal– le diera consejos para resguardar a su hijo. Las conversaciones telefónicas con ese detenido, llamado Alejo, dieron paso a las visitas, y luego al noviazgo y matrimonio. Juntos tuvieron un hijo, Joaquín, que ya tiene 12 años. El nene creció con su papá preso, y las dificultades de tener que explicarle esa realidad desde pequeño también impulsaron a la mujer a ayudar a otras madres e hijos en igual situación.

“Yo hago pública esta parte de la vida privada no porque me interese, porque me parece que todas las historias de amor son particulares y tienen algo. Lo que pasa es que en este caso parece ser el gancho que permite mostrar qué pasa dentro de la cárcel. Contar por qué yo en un momento tomé la decisión de acompañar los pedidos de penas más duras y por qué después cambié de opinión, una vez que conocí la realidad. Y me permite explicar el porqué de mi compromiso hoy”, dice Casamento a Tercer Sector.

A los 53 años, esta madre de cuatro hijos comanda la ONG Acifad, por la que ya pasaron más de 10 mil familiares de presos. Para recibir asesoramiento, para indagar sobre el trato en las celdas y en las filas de visitas, para abordar qué les pasa a los hijos de los presos en el afuera. “Trabajamos sobre todo con los niños, en su fortalecimiento: cómo lo hablan en la escuela, para que se les garantice su derecho a ser chicos independientemente de lo que sus padres hicieron”, explica.

Antes de aquel robo de cuatro empanadas por el que fue falsamente acusado su hijo, la mujer había sido gran parte de su vida ama de casa y luego –en plena crisis de 2001– se había dedicado a la administración de consorcios. Todo eso quedó atrás cuando Juan, su hijo mayor, fue alojado en el penal de Ezeiza. Desde entonces, su vida se centra en la militancia por la justicia y el respeto de los derechos, dentro y fuera de la cárcel.

 

Cómo conectarse: ACIFaD: http://familiaresdedetenidos.blogspot.com.ar/

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